Un consorcio de 37 grandes bancos europeos, entre ellos cuatro entidades italianas de primer nivel como UniCredit, Intesa Sanpaolo, BPER y Banca Sella, está construyendo una stablecoin en euros. La noticia en sí ya era conocida. Lo que resultó decisivo fue lo anunciado el 8 de septiembre: esta stablecoin euro bancaria se emitiría sobre la red pública de Ethereum, y no sobre un registro bancario cerrado y privado. Es una decisión que merece análisis, porque marca un punto de inflexión en la relación entre las finanzas tradicionales y las blockchains públicas.
Qivalis is built for institutional-scale on-chain payments and settlement - starting on Ethereum, with multi-chain support envisioned as adoption grows. https://t.co/qs2SU267Ss
, qivalis (@qivaliseu) September 8, 2026
La pregunta que plantea este caso es poderosa: ¿por qué algunos de los bancos más importantes de Europa eligieron una blockchain pública, el mismo terreno donde operan las criptomonedas y las finanzas descentralizadas, para construir una forma de dinero bancario regulado? Antes de responder, conviene aclarar algunos aspectos para encuadrar correctamente los hechos.
Qué sabemos, con las debidas cautelas
El proyecto se llama Qivalis, tiene sede en Ámsterdam y reúne a 37 instituciones financieras de 15 países europeos. El objetivo es emitir una stablecoin anclada uno a uno al euro, respaldada por depósitos bancarios y activos líquidos de alta calidad, plenamente conforme al reglamento europeo MiCA. Los usos previstos son principalmente institucionales: pagos internacionales, financiación del comercio y liquidación de instrumentos financieros tokenizados, con la ventaja de poder mover liquidez las 24 horas del día.

Dos aclaraciones son fundamentales para no malinterpretar la noticia. La primera tiene que ver con los plazos: el token aún no está operativo. El consorcio solicitó autorización para operar como entidad de dinero electrónico ante el banco central holandés, y mientras ese visto bueno no llegue, la stablecoin no podrá emitirse. El lanzamiento se espera para la segunda mitad de 2026. La segunda aclaración concierne precisamente a la elección de Ethereum: esta información fue comunicada por Ethereum Institutional, una entidad vinculada al ecosistema de Ethereum, y no mediante un comunicado oficial directo del consorcio bancario. Algunos observadores también citan otras redes como posibles opciones, y Qivalis no ha publicado aún una confirmación oficial y definitiva sobre la blockchain elegida. Conviene, por tanto, atribuir este detalle a su fuente con la debida prudencia.

El verdadero punto: ¿por qué una blockchain pública?
Aquí está la pregunta que hace tan significativa esta noticia. Muchos bancos que experimentan con la tokenización del dinero optan por blockchains “privadas” o “permissioned”, es decir, redes cerradas y controladas, accesibles solo a operadores autorizados. Es el enfoque más prudente y tradicional, el que mantiene el control total dentro de las paredes del sistema bancario. El Bundesbank alemán, por ejemplo, está trabajando precisamente en una infraestructura de este tipo.

Elegir en cambio una blockchain pública como Ethereum es una decisión de signo contrario, y estratégicamente audaz. Significa construir el propio dinero digital en el entorno abierto donde ya existen la liquidez, los usuarios, los exchanges y las aplicaciones de finanzas descentralizadas. La lógica, según explican los analistas del sector, es ir donde el mercado ya vive, en lugar de construir un jardín vallado separado del resto del ecosistema. Una stablecoin bancaria que opere en Ethereum puede integrarse directamente con las carteras digitales, los protocolos y los activos ya presentes en esa red. Es una apuesta por la apertura y la interoperabilidad, y representa un reconocimiento implícito, por parte de bancos centenarios, del valor de la infraestructura pública. No es casualidad que el propio Ethereum se esté preparando para acoger este tipo de usos institucionales, con mejoras en su protocolo orientadas a simplificar las transacciones.
El ángulo español y latinoamericano en el contexto competitivo
El componente europeo de este proyecto es especialmente relevante para los mercados de habla hispana. Tanto en España como en América Latina, el debate sobre las stablecoins en euros está cobrando fuerza a medida que la CNMV y otros reguladores de la región adaptan sus marcos normativos a MiCA. UniCredit y Banca Sella figuraban entre los nueve fundadores originales del consorcio, mientras que Intesa Sanpaolo y BPER Banca se incorporaron en la expansión de mayo, que llevó a Qivalis de doce miembros iniciales a los actuales treinta y siete.
El contexto competitivo es igualmente interesante. Según datos de CoinGecko, el mercado de stablecoins está hoy dominado casi totalmente por monedas ancladas al dólar, que representan alrededor del 99,5% del total. Una stablecoin en euros impulsada por un consorcio de grandes bancos europeos tiene, por tanto, también un valor de soberanía monetaria: es el intento de abrir un espacio para la moneda única en el mundo digital, reduciendo la dependencia de Europa de los instrumentos denominados en dólares. No es el único proyecto en esta dirección: un gran consorcio de bancos principalmente estadounidenses también está trabajando en su propia stablecoin, y actores como Revolut ya han lanzado su propio euro digital. La carrera hacia la stablecoin bancaria es ya una realidad global que no deja indiferente a ningún mercado.

La lectura de fondo
La elección de Qivalis, si se confirma, representa un momento potencialmente histórico en el largo proceso de acercamiento entre las finanzas tradicionales y el mundo de las blockchains públicas. Durante años, los bancos miraron redes como Ethereum con desconfianza, prefiriendo, cuando se aventuraban en la tokenización, la seguridad de los sistemas cerrados y controlados. El hecho de que ahora un consorcio tan amplio y autorizado valore seriamente emitir su propio dinero digital sobre una red pública marca un cambio de mentalidad profundo: la infraestructura pública ya no se percibe como un riesgo que evitar, sino como un recurso estratégico sobre el que construir.
Para el observador, la lección es doble. Por un lado, este caso sugiere que la frontera entre las finanzas “tradicionales” y las “cripto” se está estrechando hasta casi desaparecer: si el dinero bancario empieza a circular por los mismos rieles que las criptomonedas y las finanzas descentralizadas, ambas esferas se convierten en partes de un único ecosistema interconectado. Por otro, sigue siendo fundamental la prudencia sobre los hechos: el proyecto es ambicioso pero aún no está realizado, la autorización está pendiente y la propia elección de la red aguarda una confirmación oficial y definitiva. Entre el anuncio de una intención y su plena materialización, en este sector, puede pasar mucho tiempo y cambiar muchas cosas. La dirección, eso sí, aparece cada vez más clara: el futuro del dinero, también del bancario, será probablemente on-chain.




