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Banco de Italia prueba USDC: las stablecoins no siempre ganan a las transferencias

El Banco de Italia envió USDC reales por diez corredores hacia cinco países. El coste va del 0,30% a casi el 9%. La blockchain pesa solo el 0,4%: el verdadero…

5 min read Cómo trabajamos

Las stablecoins se presentan desde hace años como la killer app de las criptomonedas para los pagos internacionales: envías dinero al otro lado del mundo en segundos y por unos pocos céntimos, dejando atrás las costosas transferencias tradicionales. Ahora el Banco de Italia ha puesto a prueba esta promesa de la forma más concreta posible, enviando dinero real por distintos corredores globales. El resultado desmonta el lugar común.

Enviar stablecoins, según comprobó el instituto emisor italiano, puede costar desde un insignificante 0,30% hasta casi el 9% del importe. Pero lo más revelador es dónde se esconde ese coste: no en la blockchain, que funciona de maravilla, sino en todo lo que la rodea. Lo que sigue es un análisis de este estudio y por qué importa para el futuro de los pagos, especialmente en LATAM, donde las remesas son una realidad cotidiana.

Un test real, no una simulación

La solidez de este estudio radica en su método. En lugar de limitarse a comparar tarifas publicitadas, los investigadores del Banco de Italia hicieron algo poco habitual: fueron a comprar de verdad. En lo que denominan un ejercicio de “mystery shopping”, ejecutaron transferencias reales de 200 dólares en USDC, la cifra que el Banco Mundial utiliza como estándar para medir los costes de las remesas, a lo largo de diez corredores que conectan Italia con Argentina, Brasil, Sudáfrica, Emiratos Árabes Unidos y Japón.

Las operaciones se realizaron en ambas direcciones, a finales de marzo de 2026, usando exchanges globales como Binance y Kraken junto a plataformas locales. El eje del estudio fue descomponer cada transferencia en cinco fases distintas: cargar dinero en el exchange, comprar los USDC, transferirlos en la blockchain, revenderlos y retirar la moneda local. Esta descomposición es lo que permite ver, por primera vez con datos reales, dónde se concentra el coste de verdad.

BI
Banco de Italia
Mercados, infraestructuras, sistemas de pago, N. 86

¿Son eficientes las stablecoins para las remesas internacionales?

Evidencias de transferencias reales de 200 USDC entre Italia y Argentina, Brasil, Sudáfrica, Emiratos Árabes Unidos y Japón.

El resultado contraintuitivo

Concretamente, aquí llega el hallazgo que trastoca la narrativa. Según el Paper N. 86 del Banco de Italia (2026), el coste total de estas transferencias osciló de forma notable: desde un mínimo del 0,30% hasta un máximo de casi el 9%. Pero el dato más relevante es otro: el tramo en la blockchain, ese que todo el mundo imagina como el núcleo de la operación, costó en promedio apenas el 0,4%. Prácticamente nada.

En términos concretos: la blockchain hace exactamente lo que promete. Mueve el valor de un extremo al otro del planeta de forma rápida y barata. El problema está en todo lo demás. La gran mayoría del coste se concentra en las fases de entrada y salida del mundo cripto: las comisiones de los exchanges, los márgenes ocultos en el cambio de divisa, los costes de las transferencias bancarias para cargar y retirar fondos. Es el llamado “último kilómetro”, y es ahí donde la ventaja teórica de las stablecoins queda devorada.

Dónde se esconde el coste

La descomposición del test del Banco de Italia. Fuente: Banco de Italia, Paper n. 86, 2026

  • La transferencia on-chain: cuesta en promedio solo el 0,4%, según el Banco de Italia. La blockchain cumple su función a la perfección.
  • El “último kilómetro”: exchanges, cambio de divisa, transferencias bancarias y retiros absorben casi todo el coste, llegando hasta el 9% total.

No es una condena, es un mapa

Sería un error leer este estudio como una sentencia contra las stablecoins, y el propio Banco de Italia es cuidadoso en no hacerlo. Los resultados revelan una realidad más matizada: en algunos corredores las stablecoins resultaron más baratas que los servicios tradicionales, superando incluso a operadores eficientes como Wise; en otros, salieron más caras. La ventaja existe, pero depende mucho del corredor concreto y de la calidad de las infraestructuras locales.

Lo mismo ocurre con la velocidad. Donde existen sistemas de pago instantáneo bien integrados, la operación completa puede cerrarse en menos de veinte minutos. Pero donde todavía hay que apoyarse en transferencias bancarias tradicionales para la entrada o la salida, los tiempos se estiran hasta uno o dos días hábiles. La stablecoin es rápida, pero solo tan rápida como el eslabón más lento de la cadena a la que está conectada. El cuadro, por tanto, no es el de una tecnología fallida, sino el de una tecnología cuyo potencial sigue frenado por el contexto en el que opera.

Para los países de América Latina, donde las remesas representan una parte significativa del PIB en naciones como México, El Salvador o República Dominicana, esta distinción es especialmente relevante. Que el coste no lo genere la blockchain sino los intermediarios financieros locales señala exactamente dónde deben concentrarse los esfuerzos regulatorios de organismos como la CNBV en México o la SBS en Perú.

La lección: el problema no es la blockchain

Aquí está la enseñanza más valiosa, y va más allá de las stablecoins. El estudio demuestra que el cuello de botella en los pagos internacionales ya no es la tecnología de transferencia de valor, resuelta con creces, sino la infraestructura tradicional que la flanquea en sus extremos. Las comisiones de los exchanges, los sistemas bancarios lentos, los cambios de divisa caros: esos son los verdaderos obstáculos para los pagos asequibles, no la falta de una blockchain.

Es una conclusión que el gobernador Fabio Panetta ya había anticipado, sosteniendo que las stablecoins pueden funcionar en corredores seleccionados pero no son una respuesta universal, y que la verdadera prioridad debería ser mejorar las infraestructuras de pago nacionales y conectar entre sí los sistemas rápidos de los distintos países. Dicho de otro modo: la revolución no se completa tokenizando la transferencia, sino integrando toda la cadena de pago. Es el mismo tema que emerge de los grandes movimientos del sector, desde Mastercard comprando infraestructura para stablecoins hasta los bancos que tokenizan fondos: todos intentan resolver precisamente ese último kilómetro.

La lectura más amplia

El estudio del Banco de Italia vale porque sustituye el eslogan por los datos, y devuelve una fotografía honesta de dónde estamos realmente. Las stablecoins no son la varita mágica que algunos han vendido, pero tampoco son un fracaso: son una herramienta potente cuya ventaja, hoy, queda a menudo neutralizada por un sistema financiero que a su alrededor sigue siendo viejo y caro.

Para quien analiza el sector con seriedad, la lección es que el futuro de los pagos no pertenece a quien se limita a poner una transacción en una blockchain, sino a quien sepa integrar toda la cadena, de principio a fin, en una experiencia fluida y asequible. La tecnología ya existe y funciona. El reto real, ahora, es humano e infraestructural: modernizar lo que está antes y después de la blockchain. Y es un reto que, como demuestra este riguroso estudio, los bancos centrales han comenzado a estudiar con atención, sin prejuicios pero también sin ilusiones. Quien quiera entender qué son estas monedas puede empezar por nuestra guía sobre las stablecoins.

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