Giancarlo Devasini, el hombre más rico de Italia y figura detrás de Tether, la stablecoin más usada del mundo, ha obtenido la ciudadanía de El Salvador junto a otros directivos de la compañía, según una investigación publicada por L'Espresso junto al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y el diario francés Le Monde. La noticia va mucho más allá del caso personal de un multimillonario: revela cómo las stablecoins se han convertido en una cuestión de geopolítica financiera.
Porque cuando quien controla la infraestructura financiera más importante del mundo crypto cambia de pasaporte y traslada su sede, no se trata de un capricho. Es una estrategia. Esto es lo que revela la investigación.
Qué dice la investigación
Según los documentos examinados por L'Espresso, el ICIJ y Le Monde, Giancarlo Devasini y su esposa son ciudadanos salvadoreños desde principios de 2025. No son los únicos: la misma adquisición de ciudadanía habría alcanzado a otros directivos de Tether, entre ellos el CEO Paolo Ardoino y la responsable operativa de la empresa.
La investigación documenta también inversiones inmobiliarias de estos directivos en el país, con la compra de propiedades de lujo en la capital. El panorama que emerge no es el de una decisión individual, sino el de un traslado coordinado del núcleo empresarial hacia El Salvador. Un movimiento que se suma a otro hecho ya conocido: la propia Tether trasladó su sede legal al país centroamericano, formalizando un vínculo cada vez más estrecho entre el gigante de las stablecoins y la nación de Bukele.
↵Tether is moving to El Salvador.
, Paolo Ardoino 🤖 (@paoloardoino) January 15, 2025
We will build our Tether Tower in San Salvador.
Many others will follow.
❤️🇸🇻 pic.twitter.com/fm19zUfydr
Los números detrás del caso
Concretamente, para entender por qué esta noticia importa, hay que comprender las dimensiones de los actores involucrados. Según Forbes, el patrimonio de Devasini se estima en torno a 89.000 millones de dólares, lo que lo convierte en el hombre más rico de Italia y uno de los más acaudalados del planeta. El origen de esa riqueza es su participación en Tether: según documentos depositados ante el regulador estadounidense a principios de 2026, Devasini controlaría más del 50% de los derechos de voto en la empresa.
↵Welcome home 🇸🇻 https://t.co/bIYKKl84oN
, Nayib Bukele (@nayibbukele) January 13, 2025
Por su parte, Tether es una máquina de generar beneficios extraordinarios: su stablecoin USDT tiene una capitalización de mercado de aproximadamente 184.000 millones de dólares, según datos de CoinGecko, y la empresa distribuyó cerca de 11.000 millones de dólares en dividendos solo en 2025. Estamos hablando, por tanto, del control de una de las infraestructuras financieras más relevantes del ecosistema crypto global, un pilar sobre el que descansan innumerables transacciones diarias en América Latina y el resto del mundo. Cuando la persona que controla todo eso cambia de ciudadanía, las implicaciones superan con creces la esfera privada.
La geografía del poder de Tether
Lo que revela la investigación. Fuente: L’Espresso, ICIJ, Forbes, 2026
- El hombre: Giancarlo Devasini, de Turín, con un patrimonio estimado en ~89.000 millones de dólares según Forbes y más del 50% de los votos en Tether según documentos de la SEC.
- El movimiento: él, su esposa y otros directivos (incluido el CEO Ardoino) ahora ciudadanos salvadoreños, con propiedades en el país.
- La empresa: Tether trasladó su sede legal a El Salvador. USDT cotiza en ~184.000 millones de dólares y distribuyó 11.000 millones en dividendos en 2025.
Por qué El Salvador: la geopolítica de las stablecoins
Aquí está el corazón del asunto. ¿Por qué precisamente El Salvador? La respuesta reside en la estrategia de este pequeño país centroamericano, guiado por el presidente Nayib Bukele, que apostó todo por las criptomonedas y fue el primero en el mundo en otorgarle al bitcoin el estatus de moneda de curso legal. El Salvador se ha construido a medida para atraer a las grandes empresas del sector, ofreciendo un entorno normativo favorable y condiciones fiscales muy competitivas, según diversas evaluaciones jurídicas.
Para una empresa como Tether y para sus propietarios, trasladar ciudadanía y sede a ese contexto tiene una lógica precisa. Significa operar en una jurisdicción que abraza su modelo de negocio, en lugar de mirarlo con desconfianza, como ocurre con frecuencia en Europa. Este es el fenómeno de la competencia entre Estados por atraer capitales y talento del mundo crypto, y El Salvador se ha convertido en su exponente más agresivo. La historia de Devasini es la demostración concreta de cómo las stablecoins han pasado a ser una cuestión geopolítica: los países se disputan quién las emite y las gobierna, conscientes del poder financiero que representan. Es la otra cara de lo que ocurre cuando Europa construye sus propias reglas con MiCA: mientras unos regulan, otros seducen.
↵Reviewing the first design pitch for the Tether Tower for El Salvador 🇸🇻👀
, Paolo Ardoino 🤖 (@paoloardoino) June 26, 2025
El ángulo latinoamericano
Para los lectores de América Latina, esta historia tiene una dimensión adicional. El Salvador es el único país del mundo que ha adoptado Bitcoin como moneda de curso legal, un experimento que lleva años siendo observado con atención en Argentina, Venezuela, México y otros países donde la inflación y la restricción cambiaria empujan a millones de personas hacia las criptomonedas. Que el mayor emisor privado de stablecoins del mundo elija precisamente ese país como base legal y personal dice mucho sobre hacia dónde se mueve el poder financiero global.
USDT, la stablecoin emitida por Tether, es también la herramienta más usada para remesas y ahorro informal en gran parte de la región. Que su arquitecto principal sea ahora ciudadano salvadoreño no es un dato trivial: refuerza el peso de El Salvador como nodo estratégico entre el mundo crypto global y la adopción masiva en Latinoamérica. Los reguladores de la región, desde la CNBV en México hasta la CNV en Argentina, observan este movimiento con interés creciente.
La movilidad del capital digital
Hay otro aspecto que ilumina esta historia desde un ángulo más amplio. Devasini nació en Turín, estudió medicina en Milán y construyó las primeras etapas de su fortuna en Europa, viviendo durante años en Lugano, Suiza. Su trayectoria, de Italia a Suiza y luego a El Salvador, cuenta el recorrido de un capital que se desplaza allí donde encuentra las mejores condiciones.
Es una historia que plantea preguntas legítimas sobre la relación entre los grandes patrimonios, la fiscalidad y la soberanía nacional en la era digital. Sin emitir juicios de valor, el caso ilustra cómo las fortunas construidas sobre criptomonedas, globales por naturaleza y sin fronteras, pueden moverse con una libertad que los patrimonios tradicionales nunca han tenido. Para países como Argentina o Venezuela, donde parte de la ciudadanía ya utiliza USDT como refugio de valor, la pregunta sobre quién gobierna esa infraestructura cobra una relevancia muy concreta.
La lectura más profunda
La historia de Devasini y El Salvador es mucho más que una curiosidad sobre el multimillonario de turno. Es una ventana a algunas de las dinámicas más profundas de nuestro tiempo: el poder creciente de las stablecoins como infraestructura financiera, la competencia entre Estados por atraerlas y la movilidad sin precedentes de los grandes patrimonios digitales.
Para quienes observan el sector, la conclusión es que las criptomonedas ya no son solo una cuestión de tecnología o de precios: se han convertido en un terreno de poder económico y político. Dónde tiene su sede un emisor de stablecoins, quién lo controla, bajo qué leyes opera: son preguntas que afectan a la soberanía monetaria y a la estabilidad financiera de naciones enteras. La elección de El Salvador como nuevo hogar de Tether y de sus directivos no es un detalle menor, sino una señal de cómo se está redibujando la geografía del poder financiero en la era digital. Quienes quieran profundizar en qué son las stablecoins y cómo puede evolucionar su regulación a nivel global pueden comenzar por el análisis del GENIUS Act y las stablecoins en 2026.



