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CLARITY Act en el Senado: el 15 de septiembre decide el futuro crypto

El Senado de EE. UU. fijó el 15 de septiembre para el primer voto sobre el CLARITY Act, la ley que definiría si un token es título o materia prima. La hoja de…

4 min read Cómo trabajamos

Tras haber puesto orden en el mundo de las stablecoins, Estados Unidos se prepara para el desafío regulatorio más ambicioso: dar reglas claras a todo el resto del mercado cripto. El proyecto de ley que debería lograrlo, el CLARITY Act, acaba de dar un paso decisivo hacia la votación en el Senado, fijada para el 15 de septiembre. Podría ser el momento que redefina las condiciones del mercado para toda la industria estadounidense.

Dicho esto, conviene no dejarse llevar por el entusiasmo: la ruta está plagada de obstáculos, y esa votación de septiembre es apenas el primero de varios escalones. Veamos qué está en juego, por qué importa también en América Latina y Europa, y por qué conviene mantener la cabeza fría antes de celebrar.

Qué ocurrió en el Senado

Los hechos, sin rodeos. El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, inició el procedimiento formal para llevar el CLARITY Act a votación, con una maniobra técnica ejecutada en las primeras horas de un sábado. Esa maniobra fijó una fecha concreta: el 15 de septiembre, en cuanto el Senado regrese de su receso estival, se celebrará una primera votación de procedimiento sobre la norma.

Aquí es necesario ser precisos, porque el margen para la confusión es amplio. La votación del 15 de septiembre no es la aprobación final de la ley, sino un paso preliminar, denominado técnicamente “cloture”, que sirve para decidir si se abre formalmente el debate sobre el texto. Para superarlo hacen falta 60 votos de 100, un umbral exigente: incluso si todos los senadores republicanos votasen a favor, serían necesarios al menos ocho demócratas. Solo después de este y otros trámites se podrá llegar a la votación definitiva. Es un primer escalón importante, no la meta.

Qué haría realmente el CLARITY Act

Concretamente, para entender por qué toda la industria contiene el aliento, hay que comprender el problema que esta ley quiere resolver. Desde que existen las criptomonedas, en Estados Unidos reina una incertidumbre paralizante sobre una pregunta aparentemente sencilla: ¿un token es un “título valor”, como una acción de bolsa, o una “materia prima”, como el oro o el trigo? La distinción no es meramente académica, porque determina qué autoridad federal tiene competencia para vigilar ese activo, con reglas muy diferentes según el caso.

Esta ambigüedad ha generado años de batallas legales y de inseguridad jurídica, empujando a muchas empresas a operar con miedo o a trasladarse a otras jurisdicciones. El CLARITY Act aspira a poner fin a este caos, trazando líneas claras: definiría cuándo un activo es un título bajo supervisión de la SEC y cuándo es una materia prima bajo la CFTC, una agencia considerada por la industria bastante más favorable. Para las empresas del sector, significaría saber con certeza qué normas deben cumplir.

El CLARITY Act

Qué está en juego el 15 de septiembre. Fuente: The Block, Decrypt, 2026

  • Qué hace: establece cuándo un token es título (SEC) o materia prima (CFTC), dando reglas claras al mercado.
  • La votación: el 15 de septiembre, pero es procedimental, no definitiva. Se necesitan 60 votos, es decir, al menos 8 demócratas.
  • La incógnita: puntos sin resolver y la oposición demócrata hacen incierto el resultado. Las probabilidades de que se apruebe en 2026 siguen siendo bajas.

La comparación con Europa: dos caminos opuestos

Aquí el asunto se vuelve especialmente relevante para los lectores de este lado del Atlántico, porque pone frente a frente dos filosofías regulatorias muy distintas. Europa, con su reglamento MiCA, llegó antes: construyó un marco único y coherente para todo el sector, que entró plenamente en vigor este año, ofreciendo a las empresas un conjunto de reglas armonizadas válidas en los 27 países miembros. Estados Unidos, en cambio, avanza por partes: primero una ley sobre stablecoins, ahora esta sobre el resto del mercado, en un proceso más fragmentado y conflictivo.

Es la diferencia clásica de enfoque. Europa apostó por una regulación completa y anticipada, con el riesgo de resultar a veces demasiado rígida; Estados Unidos sigue la vía de la negociación política intensa, más lenta e incierta, pero potencialmente más alineada con las demandas de la industria. Para las empresas globales, el resultado de esta carrera importa mucho: la jurisdicción que ofrezca primero reglas claras y favorables atraerá inversiones y talento. Es el mismo debate de competencia normativa que ya vimos al analizar la aplicación de MiCA en Europa. En LATAM, donde empresas como Bitso, Ripio o Buenbit operan sin un marco continental equivalente, la dirección que tome Washington puede marcar un precedente regulatorio de peso.

Por qué conviene ser cautos

Aquí es necesario templar el entusiasmo, porque los obstáculos son reales. A pesar del avance, quedan varios puntos sin resolver que podrían descarrilar todo el proceso: disputas sobre normas antilavado de dinero, sobre las reglas para las stablecoins y sobre algunas cláusulas éticas. Varios senadores republicanos ya han expresado sus reservas, y la mayoría de los demócratas sigue siendo contraria.

No es casual que los analistas mantengan prudencia: según reportes de The Block y Decrypt, algunos han recortado las probabilidades de que la ley se apruebe antes de fin de año, y los mercados de predicción le asignan al CLARITY Act una probabilidad baja de convertirse en ley en 2026. Pesa también el calendario: con las elecciones de mitad de mandato en otoño, el tiempo disponible para legislar se reduce considerablemente. La votación de septiembre es una señal de que la política va en serio, pero transformar ese impulso en una ley firmada es otra historia.

La lectura más amplia

El recorrido del CLARITY Act revela algo importante sobre la relación entre innovación e instituciones. Las criptomonedas nacieron prometiendo funcionar al margen de las reglas tradicionales, pero su maduración pasa inevitablemente por su integración en el sistema, con leyes que definan sus límites. Ese paso es necesario para que los grandes actores institucionales, los bancos y los inversores conservadores, se sientan seguros de participar.

Para el observador latinoamericano o europeo, la lección es doble. Ver a Estados Unidos correr detrás de Europa en materia de regulación confirma que el modelo regulatorio, por más criticado que sea, es ya la dirección inevitable para todos. Al mismo tiempo, la dificultad del proceso estadounidense recuerda cuánto cuesta traducir buenas intenciones en leyes concretas dentro de un sistema político dividido. La partida por definir las reglas del futuro digital está en pleno juego, y se disputa a ambos lados del Atlántico. Quien quiera entender el marco europeo puede comenzar por nuestra guía sobre la regulación MiCA.

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