El Banco de Italia ha endurecido las exigencias que deben cumplir los operadores de criptoactivos para respetar las sanciones internacionales, y lo hace con un principio claro: no existe ningún importe demasiado pequeño para quedar fuera de los controles. En una comunicación publicada el 7 de septiembre, la autoridad italiana recuerda a los proveedores de servicios de criptoactivos, los denominados CASP, que están obligados a verificar las transferencias sin establecer ningún umbral mínimo por debajo del cual puedan evitar el screening. Los controles crypto sobre sanciones se convierten así en un requisito operativo ineludible, y el sector entra de lleno en la fase de cumplimiento normativo cotidiano.
La noticia es técnica, pero de gran relevancia práctica para cualquier empresa activa en el sector en Europa. Después de una etapa centrada en obtener las autorizaciones exigidas por las nuevas normas europeas, el foco se desplaza: los operadores deben demostrar que su infraestructura es realmente capaz de interceptar a los sujetos sancionados en cada transferencia. A continuación, explicamos qué pide exactamente el Banco de Italia y por qué resulta relevante también para el mercado latinoamericano.
Qué exige el Banco de Italia a los CASP
El núcleo de la comunicación es un recordatorio de las directrices de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), que regulan en detalle los controles sobre las transferencias de fondos y de criptoactivos. Estas directrices obligan a los operadores a someter a screening, es decir, a una verificación automática contra las listas de sujetos sancionados, tanto al ordenante como al beneficiario de cada transferencia, y a hacerlo antes de ejecutarla. El requisito aplica tanto para las relaciones continuadas con la clientela como para las operaciones ocasionales.
Pero el punto al que el Banco de Italia llama específicamente la atención es otro, y es el más operativo: los intermediarios deben asegurarse de que los sistemas informáticos usados para estos controles no tengan configurado ningún umbral de importe mínimo que excluya automáticamente las operaciones más pequeñas del screening. En otras palabras, no está permitido configurar el sistema de modo que, por ejemplo, las transferencias por debajo de una determinada cifra queden exentas de verificación. Cada transferencia, independientemente de su valor, debe ser sometida al control. La autoridad también pide a los operadores verificar que sus sistemas estén correctamente configurados y calibrados según las indicaciones europeas.
“¿También hay que controlar un euro?” La respuesta, con precisión
La pregunta que surge de forma natural es provocadora pero legítima: ¿de verdad una transferencia de pocos euros en criptomoneda debe ser controlada? La respuesta es sí, aunque conviene comprenderla con la precisión necesaria para evitar malentendidos. No significa que cada transacción sea bloqueada, ralentizada o analizada manualmente por un funcionario: eso sería inviable y paralizaría el sistema.
Significa, en cambio, algo más sutil pero preciso: no puede existir un umbral monetario que excluya automáticamente una transacción del perímetro de los controles previstos. El screening es un proceso automatizado que compara al ordenante y al beneficiario con las listas de sancionados, y esa comparación debe poder realizarse sobre cualquier operación, con independencia del importe. La lógica es coherente: un sujeto sancionado podría intentar eludir los controles fragmentando sus movimientos en muchas pequeñas operaciones por debajo de un supuesto umbral de seguridad. Eliminar ese umbral cierra esa vía de escape. Hay que señalar, para mayor precisión, una excepción técnica prevista por las normas europeas para las transferencias instantáneas: dada su extrema rapidez, para estas se admite una verificación previa de la clientela con una periodicidad mínima diaria, en lugar de operación por operación.

De la regulación abstracta al cumplimiento diario
El verdadero significado de esta comunicación radica en marcar un cambio de etapa para todo el sector. Durante años, el debate sobre la regulación de las criptomonedas fue en gran medida abstracto, centrado en los grandes principios y en la arquitectura de las normas. Luego llegó la fase de las autorizaciones, con los operadores ocupados en obtener el visto bueno para operar según el reglamento europeo MiCA. Ahora se entra en la tercera fase, la más concreta: la del cumplimiento normativo operativo cotidiano.
El mensaje implícito del Banco de Italia es que obtener la autorización ya no es suficiente. Los operadores deben demostrar, en los hechos y cada día, que sus sistemas funcionan realmente como deben, interceptando a los sujetos sancionados en cada transferencia. Es exactamente la confirmación de un principio que habíamos señalado al analizar la extensión de las sanciones de la UE a los servicios crypto: cumplir con MiCA y respetar las sanciones son dos obligaciones distintas y paralelas. Esta comunicación es el capítulo operativo italiano de ese principio, y confirma que la conformidad en el sector crypto está hecha de múltiples capas superpuestas, tal como se explicó a propósito de las obligaciones del mercado crypto italiano.

La lectura de fondo: cripto ya en la edad adulta regulatoria
Esta comunicación, por técnica que sea, refleja la creciente integración de las criptomonedas en el sistema de reglas de las finanzas tradicionales. Los criptoactivos ya no son un mundo aparte con normas propias y más permisivas: están sometidos a las mismas obligaciones de control rigurosas que aplican a bancos e instituciones de pago, incluyendo las complejas normativas sobre sanciones internacionales. Es la señal definitiva de un sector que ha salido de la adolescencia y ha entrado en la madurez regulatoria.
Para los operadores, la lección es clara: la verdadera exigencia ya no es solo tecnológica o comercial, sino también de cumplimiento normativo. Contar con sistemas sólidos y correctamente calibrados para respetar obligaciones cada vez más estrictas se ha convertido en un coste y una responsabilidad ineludibles. Eso separa a los operadores serios y estructurados de los improvisados. Para el usuario común, en cambio, esta evolución es una garantía: saber que las plataformas en las que opera están sometidas a controles tan rigurosos como los de los bancos aumenta la seguridad y la legitimidad de todo el ecosistema. Esta tendencia tiene una lectura relevante para LATAM: los intercambios europeos activos en mercados como México, Argentina o Colombia que quieran mantener relaciones con contrapartes europeas deberán adaptar también sus procesos internos a estas exigencias. El camino hacia la plena madurez del sector pasa también por estos requisitos poco llamativos pero fundamentales, que transforman las criptomonedas de territorio de frontera a componente regulada del sistema financiero. Para entender mejor el marco normativo, nuestra guía sobre qué son las criptomonedas sigue siendo un punto de partida útil.



