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IA

Berners-Lee: tecnología sí, pero el control de los datos es tuyo

Sir Tim Berners-Lee alertó en Turín sobre el riesgo de que las grandes plataformas acaparen datos personales y pidió estándares abiertos para la IA.

3 min de lectura Cómo trabajamos

Sir Tim Berners-Lee, creador de la World Wide Web, participó en Wave by Vento, la iniciativa turinesa dedicada al desarrollo tecnológico.

Berners-Lee puso en marcha la web tal como la conocemos hoy en 1989, cuando trabajaba para el CERN de Ginebra. Al año siguiente creó el primer navegador y el primer servidor, ambos rudimentarios pero perfectamente funcionales para las velocidades de conexión de hace casi cuatro décadas. Después estableció las bases de los lenguajes HTML, HTTP y URI, que utilizamos a diario. Finalmente, en 1994, fundó el World Wide Web Consortium (W3C) para preservar estándares e interoperabilidad.

Un hombre que marcó la historia reciente de la informática llegó a Turín para hablar, sobre todo, de futuro: tocó los temas más relevantes del momento, desde las startups hasta la inteligencia artificial, pasando por los riesgos del control tecnológico.

La invención que cambió la tecnología y la economía

El ámbito tecnológico avanza a una velocidad que dificulta distinguir qué inventos harán historia y cuáles serán simples escalones de un progreso que parece imparable. Con la World Wide Web no existe esa duda: fue una novedad de época, con un antes y un después nítidos tanto para la economía como para la tecnología.

La web de los orígenes se caracterizaba por permitir a cualquier usuario crear un sitio y enlazarlo con otros mediante hipertexto, la base del ecosistema de internet. Esa decisión tuvo consecuencias enormes. La Web creó nuevos mercados y potenció los ya existentes, dio origen a empresas, plataformas publicitarias e inventó la edición digital (a través de la cual es posible publicar y hacer circular artículos como este), y estructuró desde cero sectores enteros de la economía que hoy se consideran infraestructuras esenciales.

Datos y open source: las próximas batallas informáticas

La web de hoy es radicalmente distinta a la de 1989, y Berners-Lee lo sabe bien. Si el usuario ya no visita directamente los sitios sino que recibe respuestas de modelos de lenguaje cada vez más avanzados, gracias a inversiones masivas y constantes, los incentivos para editores, creadores de contenido y plataformas cambian por completo. De ahí surge la necesidad de mantener un ecosistema heredero de la misma filosofía de hace 37 años, en el que contenidos, servicios y tecnologías sigan interactuando.

Un elemento central, en opinión del inventor del protocolo www, es el open source. Berners-Lee ve con muy buenos ojos que la inteligencia artificial, verdadera palanca tecnológica global, se desarrolle a través de modelos abiertos a todos, igual que ocurrió con la Web y con muchos de los programas más utilizados, como Wikipedia, que representa de hecho el antecesor de ChatGPT y sus homólogos.

La apertura a todos, sin embargo, no basta por sí sola. Hacen falta estándares comunes y es necesario que se respeten. El principio de desarrollar tecnologías interoperables y utilizables sin costes de licencia, que está en la base del estatuto del W3C, sigue siendo válido en la era de la IA. Hay que evitar que los modelos de frontera más potentes queden controlados por unas pocas entidades, porque de lo contrario podrían convertirse en un riesgo grave para la colectividad.

Los datos son el verdadero punto crítico

Una IA se vuelve mucho más útil si dispone de información sobre el contexto del usuario. Pero precisamente esa capacidad tan relevante, según Berners-Lee, abre un problema de control que no puede ignorarse.

“Mantener un control individual preciso sobre los propios datos y contar con estándares comunes de interoperabilidad para la IA debe seguir siendo un objetivo común y compartido.”

Así lo declaró en el escenario de Turín, dando especial relevancia a este aspecto. Los datos representan una de las principales fuentes de valor de la nueva economía, si no la principal.

Si toda la información personal que se entrega a los modelos generativos quedara confinada dentro de una única plataforma, se correría el riesgo de reforzar aún más el poder de los grandes operadores tecnológicos. Es el usuario quien debe mantener siempre el control, decidiendo en primera persona qué datos compartir, con qué aplicaciones y en qué condiciones. En América Latina, donde plataformas como Mercado Libre o aplicaciones de banca digital concentran volúmenes crecientes de datos personales, esta advertencia resulta especialmente pertinente.

El valor que no debería perderse jamás en la historia de la web, a lo largo de una vida que se augura larga y próspera para esta infraestructura, es su brújula más importante: estar siempre y ante todo al servicio de las personas. No de poderosos empresarios tecnológicos.

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