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Rusia prohíbe el minado de bitcoin en Moscú hasta 2032 por la red eléctrica

Rusia prohíbe el minado de bitcoin en Moscú hasta 2032. El decreto 936 no responde a motivos políticos, sino energéticos: la región consume cerca de 1…

5 min read Cómo trabajamos

Rusia es el segundo país del mundo en potencia de cálculo dedicada a Bitcoin, solo por detrás de Estados Unidos: casi una quinta parte de toda la red global opera en su territorio, según datos de Hashrate Index. Sin embargo, esta superpotencia del minado acaba de prohibirlo en su región más importante. A partir del 15 de agosto, extraer criptomonedas en Moscú y su área metropolitana será ilegal hasta 2032.

El motivo no es ideológico ni político, y precisamente eso lo hace relevante. Es una cuestión de electricidad. Y revela una tensión que definirá el futuro del sector: la batalla, cada vez más intensa, entre el apetito energético del minado y las necesidades del resto de la sociedad.

Qué ha decidido Rusia

Los hechos están recogidos en el decreto oficial número 936, firmado por el primer ministro Mikhail Mishustin el 25 de julio. El texto prohíbe el minado de todas las criptomonedas, incluyendo la simple participación en los “pools” colectivos de extracción, en Moscú, en toda la Óblast de Moscú y en varios distritos de la región de Kursk. La prohibición entra en vigor el 15 de agosto de 2026 y se mantendrá hasta finales de 2032, más de seis años.

No se trata de una medida repentina, sino de la ampliación de una estrategia ya en marcha. Rusia había impuesto restricciones similares en otras regiones con problemas energéticos, como Buriatia y varias repúblicas del Cáucaso. La novedad es la inclusión de Moscú, el corazón político y económico del país, señal de que el problema ha alcanzado una magnitud suficiente para afectar a la capital.

El motivo real: la red eléctrica no aguanta

Concretamente, aquí está el núcleo del asunto, y es una lección que va mucho más allá de Rusia. El minado de Bitcoin, el proceso mediante el cual potentes ordenadores compiten para validar transacciones y obtener nuevas monedas a cambio, consume cantidades enormes de energía. Esas máquinas trabajan sin parar, día y noche, con un consumo eléctrico comparable al de ciudades enteras.

Global Hashrate Heatmap Update: Q2 2026
The latest update to Hashrate Index's Global Hashrate Heatmap.

Solo en la región de Moscú, según estimaciones oficiales del Ministerio de Energía ruso, la actividad de minado absorbe cerca de un gigavatio de potencia, el equivalente al consumo de una gran metrópolis. El ministerio advirtió sin rodeos que esta demanda, concentrada en instalaciones de altísimo consumo, pone bajo presión la red eléctrica y amenaza con generar problemas para todos los demás usuarios, desde hogares hasta industrias. Frente a la disyuntiva entre alimentar fábricas de bitcoin o garantizar la estabilidad de la red para ciudadanos y empresas, el gobierno eligió la red. Es una decisión pragmática, no un ataque a las criptomonedas.

La prohibición rusa en cifras

Moscú limita el minado para proteger la red eléctrica. Fuentes: gobierno ruso, Hashrate Index, Interfax

  • 16,9% del hashrate global: la cuota estimada de toda Rusia, no solo de las zonas directamente afectadas por la prohibición.
  • Alrededor de 1 gigavatio: el consumo del minado en el sistema eléctrico de Moscú, según el ministro regional de Energía.
  • 15 de agosto de 2026 al 31 de diciembre de 2032: el período de la prohibición en Moscú, la Óblast de Moscú y las zonas indicadas de Kursk.

El efecto en cadena sobre la red Bitcoin

Esta decisión local tiene consecuencias globales, y ese es el aspecto que interesa a cualquier inversor. La potencia de cálculo total de la red Bitcoin, el llamado “hashrate”, es un indicador clave de su seguridad: cuanto más alta, más robusta y difícil de atacar resulta la red. Retirar de golpe una parte de la capacidad rusa afecta a ese total.

El momento es delicado, porque según Hashrate Index la potencia de cálculo global ya llevaba dos trimestres consecutivos a la baja, con una caída de aproximadamente el 12% respecto al pico de finales de 2025. Los márgenes de ganancia para los mineros se han comprimido, y muchos operadores atraviesan dificultades. La prohibición rusa empujará parte de esa capacidad a desplazarse hacia Estados Unidos, Kazajistán y Asia Central, redibujando de nuevo el mapa geográfico de dónde “nacen” los bitcoin. Para los operadores más eficientes en otros países, paradójicamente, podría ser una oportunidad.

En América Latina, el contexto tiene un matiz propio: países como Argentina o Venezuela ya utilizan el minado como válvula de escape frente a la inflación y el acceso limitado al dólar. Una redistribución global del hashrate puede abrir ventanas para operadores latinoamericanos con acceso a energía barata o renovable.

La tensión de fondo: cripto contra energía

Más allá del caso ruso, este episodio ilumina uno de los conflictos más profundos e irresueltos del sector. El minado de Bitcoin necesita enormes cantidades de energía para funcionar, y eso es un rasgo estructural, no un defecto corregible. Eso lo pone en colisión con dos prioridades crecientes en todo el mundo: la estabilidad de las redes eléctricas y la transición ecológica.

Rusia opta por limitarlo para proteger la red. Otros países, al contrario, cortejaron a los mineros ofreciendo energía excedente o renovable para atraer inversión. El resultado es un mapa global en constante movimiento, donde el minado migra hacia los lugares que lo acogen y huye de los que lo rechazan. Es una danza permanente entre el apetito eléctrico de las criptomonedas y las políticas energéticas de los estados, y el caso de Moscú es solo el último capítulo.

La lectura más amplia

La decisión rusa es un recordatorio poderoso de una verdad que se olvida con frecuencia: las criptomonedas, por muy digitales y aparentemente etéreas que sean, se apoyan en una infraestructura física muy concreta, hecha de máquinas, cables y, sobre todo, electricidad. Y esa infraestructura compite por recursos reales y limitados con el resto de la sociedad.

El futuro del minado no se decidirá solo en los mercados o en el código, sino también en las centrales eléctricas y en los ministerios de energía de todo el mundo. El reto para el sector será demostrar que puede convivir con las necesidades energéticas de las comunidades donde opera, quizás aprovechando energía que de otro modo se desperdiciaría o acelerando la transición hacia fuentes renovables. Una tecnología que pone en jaque la red eléctrica de una capital encontrará cada vez más puertas cerradas. La lección de Moscú es nítida: en la era de la energía escasa, el minado deberá ganarse su lugar, no darlo por sentado. Quienes quieran entender los fundamentos del funcionamiento de la red pueden leer nuestra guía sobre cómo funciona una blockchain.

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