415 TWh. Ese fue el consumo eléctrico global de los centros de datos en 2024. La estimación para 2030, según la Agencia Internacional de la Energía, es de 945 TWh. Más del doble en seis años. Microsoft, Google y Meta han leído esas proyecciones y han salido a comprar plantas nucleares.
¿Quién ha hecho qué y con qué cifras?
El punto de inflexión no es tecnológico: es físico. Una sola GPU H100 consume 700 vatios a plena carga. Un nodo servidor con 8 GPU demanda entre 10 y 12 kW. Un rack de IA absorbe entre 80 y 140 kW. Un clúster de 10.000 GPU necesita una potencia continua que la red eléctrica de muchas ciudades no puede suministrar. Sam Altman estimó 0,34 vatios-hora por cada consulta individual a ChatGPT: multiplicado por 2.500 millones de solicitudes diarias, el requerimiento equivale al de una central eléctrica funcionando sin pausa.
Los datos clave del sector, según la IEA y Goldman Sachs:
- Consumo de centros de datos globales en 2024: 415 TWh
- Estimación IEA para centros de datos en 2030: 945 TWh
- Demanda eléctrica de centros de datos en EE. UU. en 2026: 4% de la electricidad nacional
- Goldman Sachs: demanda global de centros de datos en 2027: 84 GW
- Inversión de Meta en acuerdos de energía nuclear: 6,6 GW
Microsoft eligió el caso más simbólico: reactivó Three Mile Island, la central nuclear de Pensilvania tristemente célebre por el accidente de 1979, con una inversión de 1.600 millones de dólares para ponerla operativa antes de 2028. Google firmó un acuerdo con NexEra Energy para reactivar la única central nuclear de Iowa (600 MW desde 2029), sumándose al contrato ya existente con Kairos Power para reactores modulares. Meta declaró públicamente que, con sus 6,6 GW en acuerdos nucleares, aspira a convertirse en “uno de los mayores compradores corporativos de energía nuclear en la historia de Estados Unidos”.
El World Energy Outlook 2025 de la Agencia Internacional de la Energía registró 2025 como el primer año en que las inversiones globales en centros de datos (580.000 millones de dólares) superaron a las destinadas al petróleo (540.000 millones). Una estadística que merece ser sopesada: los centros de datos, infraestructura de la IA, se han vuelto más atractivos para el capital global que el sector de los combustibles fósiles que dominó el siglo XX.
Consumo eléctrico global de los centros de datos (TWh): proyección 2024-2030
Fuente: IEA World Energy Outlook 2025 · Goldman Sachs · Berkeley Lab · elaboración SpazioCrypto
¿Llegará la energía nuclear a tiempo para la IA?
La respuesta honesta es que no, al menos no en la ventana crítica. El principal obstáculo no es la tecnología nuclear: es el tiempo. Three Mile Island abrirá en 2028. Los reactores modulares de Kairos Power que Google ha encargado llegarán hacia 2030. Mientras tanto, la expansión de los clústeres de IA ya está en marcha en 2026. Goldman Sachs identificó la disponibilidad de energía como la restricción infraestructural número uno, por delante del suministro de chips. La propia Nvidia ha frenado la expansión de algunos clústeres no por falta de GPU, sino por falta de electricidad.
En el corto plazo, la respuesta es el gas natural: el Berkeley Lab estima que en EE. UU. la demanda adicional inmediata se cubrirá principalmente con nuevas plantas de gas, con impacto directo en las emisiones. Es la contradicción central del sector: las empresas tecnológicas que se declaran neutrales en carbono están construyendo infraestructuras alimentadas por combustibles fósiles ahora, a la espera de que el nuclear y las renovables lleguen en el medio plazo. Sundar Pichai admitió que el crecimiento acelerado de la IA “no estaba previsto”, y que por eso Google corre a asegurarse energía nuclear.
Para quienes siguen el sector de los centros de datos y el minado de criptomonedas, el paralelismo es directo: el minado de Bitcoin vivió el mismo ciclo de dependencia energética. La diferencia es que el minado se desplaza hacia donde la energía es barata, mientras que los centros de datos de IA deben permanecer cerca de los usuarios para reducir la latencia. Esa restricción geográfica eleva el coste y la complejidad del suministro.

Un proyecto frecuentemente subestimado en este debate es el de los SMR (Small Modular Reactors), reactores nucleares de pequeño tamaño diseñados para construirse con mayor rapidez y a costes inferiores a los de las plantas convencionales. Microsoft ha invertido en Helion Energy, Google respalda a Kairos Power, Amazon adquirió un centro de datos alimentado por un SMR en Pensilvania por 650 millones de dólares. La comunidad nuclear sigue discutiendo si los tiempos de construcción de los SMR serán realmente más cortos, pero el capital está apostando a que sí. El informe de la IEA describe una trayectoria en la que la energía se convierte en la nueva “materia prima invisible de la innovación”, un dato que redefine la geopolítica mucho más de lo que reconocen los medios generalistas.

¿Qué significa esto para el mercado energético y el sector cripto?
El dato final proviene del MIT. Jacopo Buongiorno, director del Center for Advanced Nuclear Energy Systems, cuantificó la demanda en una declaración pública: “En Estados Unidos, de aquí a 2030 habrá un crecimiento de la demanda eléctrica de unos 50 gigavatios solo para sostener los centros de datos y la IA.” Cincuenta GW supera la capacidad instalada de muchos países de América Latina. La pregunta que se hace ahora el sector energético no es si el nuclear puede alimentar la IA: es si las aprobaciones regulatorias, los plazos de construcción y la financiación se alinearán con suficiente rapidez para evitar que el gas tenga que llenar ese vacío durante años.
Para el ecosistema cripto y blockchain de la región, la implicación es concreta. Los países latinoamericanos con excedentes energéticos, como Paraguay (con Itaipú) o Brasil, ya atraen operaciones de minado de Bitcoin precisamente por ese margen de capacidad. Si la demanda global de electricidad por parte de los centros de datos de IA sigue la trayectoria que proyecta la IEA, esa ventaja competitiva regional podría acortarse. La CNMV y los reguladores latinoamericanos aún no han incorporado el consumo energético de la IA en sus marcos de supervisión del sector digital, pero la presión sobre las redes eléctricas será inevitable. Seguir de cerca los planes de expansión de Microsoft, Google y Meta en los próximos doce meses es, hoy, tan informativo como monitorear los movimientos de los bancos centrales.

