Tres días en el estrado. Pocas respuestas que convenzan del todo. Desde el 28 de abril de 2026, Elon Musk ocupa el banquillo como testigo clave en el juicio contra OpenAI, ante la jueza federal Yvonne Gonzalez Rogers en Oakland, California. La cifra que lo define todo: 130.000 millones de dólares en daños y perjuicios, destinados en su totalidad al brazo benéfico de OpenAI. Ni un centavo para Musk, al menos sobre el papel.
El abogado Steven Molo, al frente del equipo legal de Musk, dijo al jurado consultivo de nueve personas que Sam Altman y Greg Brockman “robaron una organización benéfica”. Comparó la situación con un museo que saquea sus propias obras. Una metáfora efectiva. OpenAI nació en 2015 como laboratorio de investigación sin ánimo de lucro, en el apartamento de Brockman. Hoy, según datos de Crunchbase y Bloomberg, supera los 850.000 millones de dólares de valoración y ya cotiza como activo pre-IPO tokenizado en Binance. Musk invirtió al menos 44 millones de dólares en los primeros años.
Qué le reprocha Musk a Altman
La tesis es sencilla. Quizás demasiado. OpenAI había prometido mantenerse como entidad sin ánimo de lucro. Luego llegó el brazo comercial, después Microsoft con más de 10.000 millones de dólares en capital, y finalmente los planes de salida a bolsa. Traición a la misión original, dice Musk. Evolución inevitable para competir con DeepMind y los grandes del sector, responde OpenAI.
El punto de ruptura tiene un nombre concreto en la sala: la inversión de Microsoft. Demasiado grande para considerarla una donación tradicional. “Microsoft tiene sus propias motivaciones, distintas a las de una entidad sin ánimo de lucro”, testificó Musk. A partir de ese momento solicitó una investigación legal interna. En 2018 abandonó el consejo de administración. Años después fundó xAI.
Bill Savitt, abogado de OpenAI, resumió todo en una frase durante la apertura del juicio. Una frase que resonó dentro y fuera de la sala: “Estamos aquí porque el señor Musk no obtuvo lo que quería de OpenAI. Dejó el proyecto diciendo que fracasarían con seguridad. Mis clientes tuvieron el valor de seguir adelante sin él”. Difícil rebatir eso sin pruebas sólidas.
Los momentos más duros del contrainterrogatorio
Básicamente, el contrainterrogatorio de Savitt dejó intercambios difíciles de ignorar. El más contundente: Musk declaró no haber leído la “letra pequeña” de un term sheet de 2018 que discutía explícitamente la posibilidad de recaudar 10.000 millones de dólares de futuros inversores. La respuesta de Savitt fue directa: “Es un documento de cuatro páginas”. No hay excusa que valga.
Valoración de OpenAI 2019-2026 (miles de millones de USD)
Fuentes: Crunchbase, Bloomberg, Reuters
OpenAI Valuation 2019, 2026 (USD billions)
* Cifra de 2026 correspondiente al juicio en curso en Oakland. La OPV aún no se ha producido.
Fuentes: Crunchbase, Bloomberg, Reuters
Hay más. xAI, la empresa de IA que Musk fundó tras dejar OpenAI, utilizó modelos de la propia OpenAI para entrenamiento. Él mismo lo confirmó en sala sin vacilar: “Es una práctica estándar usar otras IA para validar la propia”. La jueza Rogers calificó de “irónico” que Musk esté construyendo una empresa de IA con fines de lucro mientras sostiene que esa tecnología podría ser peligrosa para la humanidad. Musk no respondió.
Ya el primer día le había llamado la atención. Antes de que el jurado entrara en sala, Musk publicó en X mensajes contra OpenAI y contra Altman. Rogers le advirtió: otro post similar y llegaría una orden de alejamiento. El tono del proceso quedó claro antes de que nadie jurara decir la verdad.
Qué arriesga OpenAI ahora
Musk pide tres cosas. Primera: OpenAI vuelve a la estructura sin ánimo de lucro. Segunda: Altman y Brockman fuera de cualquier rol operativo y de la gobernanza. Tercera: 130.000 millones de dólares en daños, destinados al brazo benéfico de la propia empresa. El jurado consultivo no dicta sentencia, solo orienta a la jueza. La decisión final corresponde a Rogers.
Para OpenAI la apuesta es muy concreta. Una OPV en preparación, una valoración que supera los 850.000 millones de dólares según Bloomberg, acuerdos con Microsoft que sostienen buena parte de la infraestructura.
En esta temporada de grandes salidas a bolsa tecnológicas, un resultado desfavorable podría alterar el panorama de forma imprevisible. Microsoft está citada como coacusada. La acusación: haber favorecido la vulneración del mandato benéfico a través de sus propias inversiones en el brazo comercial. Los abogados de Microsoft se defendieron en un punto concreto: Musk conocía la relación con la compañía ya en septiembre de 2020, años antes de presentar la demanda, y su acción podría superar el plazo de prescripción.
El lunes 4 de mayo se retoma el juicio. El viernes 1 de mayo el tribunal no estaba en sesión: el jurado recibió instrucciones precisas de no comentar el caso ni realizar búsquedas durante el fin de semana. Los próximos testigos esperados son Greg Brockman y Stuart Russell, catedrático de informática en UC Berkeley y uno de los mayores expertos mundiales en seguridad de IA.
La jueza ya rechazó la solicitud de Musk de introducir testimonios sobre el “riesgo de extinción” vinculado a la inteligencia artificial: “Este no es un juicio sobre los riesgos de seguridad de la IA”, aclaró Rogers, no sin cierta ironía. Lo que Russell logre declarar, dentro de los límites que el tribunal le permita, es el dato concreto a seguir la próxima semana.
