Bob Sternfels, CEO de McKinsey, pronunció una frase en el Consumer Electronics Show de Las Vegas a principios de 2026 que dio la vuelta al mundo en pocas horas: "Cuando me preguntan cuántas personas trabajan en McKinsey, respondo 60.000: 40.000 humanos y 20.000 agentes." No hablaba de robots. Hablaba de inteligencia artificial agéntica — sistemas capaces de planificar, actuar, analizar y producir resultados de forma completamente autónoma, sin necesidad de ser guiados paso a paso por un ser humano.
Ese número siguió creciendo. En la más reciente entrevista publicada por Harvard Business Review, los agentes ya habían alcanzado los 25.000. El objetivo declarado es llegar a la paridad con los empleados humanos antes de que termine 2026.
McKinsey y sus 25.000 colegas digitales
No es una previsión ni un experimento. Los agentes de IA de McKinsey ya están operativos, impulsados en buena parte por la plataforma interna llamada Lilli. Gestionan búsquedas, síntesis documentales, análisis comparativos y primeros borradores de informes — funciones que hasta ayer eran el campo de entrenamiento de los consultores junior. En solo un año, estos sistemas ahorraron a la empresa 1,5 millones de horas de trabajo humano.
El modelo de negocio de McKinsey sale completamente transformado. Ya no es solo honorarios por servicio, sino pagos ligados a resultados efectivos. Un cambio que afecta desde la estructura de contratación hasta los contratos con clientes. Lo mismo está ocurriendo en BCG, PwC y en los grandes bancos de inversión.
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JPMorgan: el banco que apuesta por el AI-first
En el mismo período, JPMorgan Chase dio uno de los movimientos más silenciosos pero más contundentes del sector. El banco distribuyó su sistema LLM Suite — alimentado por modelos de OpenAI y Anthropic — a unos 250.000 empleados. La mitad lo usa a diario. El objetivo final, en palabras del chief analytics officer Derek Waldron, es claro: cada empleado tendrá un asistente de IA personalizado, cada proceso será gestionado por agentes y cada cliente contará con un concierge artificial.
JPMorgan no está probando la IA. La está integrando en su infraestructura base, igual que se integró la electricidad en su momento.
Para el contexto latinoamericano, esto tiene implicaciones directas: bancos como Nubank en Brasil o BBVA México ya han anunciado proyectos piloto de asistentes IA para sus millones de clientes en la región. La tendencia global llega a LATAM más rápido de lo que muchos esperaban.
Sigue los avances sobre adopción institucional de la IA también en el sector crypto: https://es.spaziocrypto.com/ia/deepseek-chat-v3-1-domina-el-mercado-de-criptomonedas-con-una-rentabilidad-del-35-en-tres-dias/
Qué significa esto para crypto y Web3
Este fenómeno no está lejos del mundo blockchain. Al contrario. La misma lógica de los agentes autónomos — sistemas que planifican, ejecutan y se adaptan — está entrando en la DeFi, en la gestión de carteras y en las plataformas de trading algorítmico. La IA agéntica es el motor que hará funcionar protocolos cada vez más complejos sin que ningún humano tenga que estar frente a la pantalla.
En América Latina, donde el uso de crypto para remesas y como cobertura ante la inflación ya es masivo en países como Argentina, Venezuela y México, los agentes de IA podrían automatizar flujos de valor que hoy dependen de intervención manual. El mercado ya se ha pronunciado: los modelos de IA que operan de forma autónoma en mercados crypto han mostrado resultados sorprendentes. La ola no se detiene.
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Aquí el tuit que encendió el debate en X:
Altman and others need to heavily beef up their personal security.
— Dr Singularity (@Dr_Singularity) April 14, 2026
"A man accused of throwing a lit Molotov cocktail at the home of OpenAI CEO Sam Altman's home last week is being charged with attempted murder, the San Francisco District Attorney said."
"The suspect, Daniel… pic.twitter.com/Ly3yhkiJkI
La pregunta que nadie quiere responder
Sternfels fue explícito: en 18 meses, cada empleado de McKinsey trabajará junto a al menos un agente de IA. Los puestos no desaparecerán todos — pero cambiarán profundamente. Menos análisis rutinario, más supervisión estratégica. El problema es que no todos estarán listos para ese salto.
Según el McKinsey State of AI 2026, el 95% de las organizaciones que han invertido en IA aún no ha generado retornos medibles. La división ya no es entre quienes usan y quienes no usan inteligencia artificial, sino entre quienes logran integrarla de verdad y quienes se quedan en el chatbot para mostrar en las reuniones.
En mercados como Argentina o Colombia, donde startups y pymes ya adoptan herramientas de IA para compensar la escasez de talento especializado, esta transición puede ser una oportunidad real — no solo una amenaza. La fuerza laboral híbrida entre humano y máquina ya comenzó. La única pregunta que importa es: ¿de qué lado quieres estar?
