En una medida que ha sorprendido a los observadores internacionales, Turkmenistán ha legalizado oficialmente las plataformas de minería e intercambio de criptodivisas a partir del 1 de enero de 2026.
La decisión, sancionada con la firma del presidente Serdar Berdimuhamedow, representa uno de los cambios políticos más significativos de las últimas décadas para el estado centroasiático, históricamente caracterizado por un aislamiento casi total y una economía rígidamente planificada.
Un marco regulador bajo el dominio del Banco Central
La nueva legislación no pretende una liberalización desenfrenada, sino una "institucionalización" controlada. Por primera vez, los activos virtuales entran en el derecho civil del país. En el centro de la reforma se encuentra la introducción de un estricto régimen de licencias, cuya supervisión se confía directamente al Banco Central.
A pesar de la apertura, el Gobierno ha fijado unos obstáculos infranqueables: las criptodivisas no podrán utilizarse como medio de pago de bienes y servicios. Las bolsas operarán dentro de un ámbito limitado, lo que garantiza que el Estado conserve el control absoluto sobre los flujos de capital y las transacciones financieras.
Estrategia energética y diversificación económica
La principal motivación de este cambio radica en el subsuelo del país. La economía de Turkmenistán depende casi exclusivamente de las exportaciones de gas natural, con China en el papel de principal comprador. Sin embargo, la inestabilidad de los mercados energéticos mundiales ha llevado a Ashgabat a buscar nuevas vías de ingresos.
Turkmenistán legaliza las criptodivisas en virtud de la nueva ley de activos virtuales, han informado Crypto Miners on X.
Turkmenistán legaliza las criptomonedas bajo la nueva ley de Activos Virtuales
- Crypto Miners (@CryptoMiners_Co) 1 de enero de 2026
Turkmenistán ha aprobado una nueva Ley de Activos Virtuales, en vigor desde el 1 de enero de 2026, legalizando la minería y el comercio de criptomonedas por primera vez. La ley fue firmada por el presidente Serdar Berdimuhamedov el 28 de noviembre de 2025,... pic.twitter.com/NNrZKi3e9T
La minería de criptomonedas es vista por las autoridades como una forma estratégica de monetizar el exceso de capacidad energética producido por las centrales eléctricas de gas. Convertir el exceso de gas en energía informática para la blockchain permite diversificar los ingresos públicos sin depender únicamente de los gasoductos físicos. Se trata, en esencia, de un esfuerzo de modernización económica destinado a atraer capital extranjero y conocimientos técnicos en un sector de alta tecnología.
Entre el aislamiento y las tendencias regionales
Turkmenistán es conocida por ser una de las naciones más cerradas del mundo, con severas restricciones a la libertad de prensa, viajes e inversión extranjera. Esta apertura al sector cripto sigue una tímida tendencia reformista que comenzó el año pasado con la introducción de visados electrónicos para facilitar la entrada de visitantes.

En el plano geopolítico, el movimiento de Ashgabat encaja en un contexto euroasiático en rápida evolución. Mientras Rusia endurece su normativa interna para canalizar la minería hacia circuitos fiscales y formales, Turkmenistán busca posicionarse como un centro alternativo.
Aunque el país mantiene una política de "neutralidad permanente" y no es un aliado formal de Moscú, la nueva ley refleja el deseo regional de ampliar la capacidad minera fuera de la esfera de influencia de Estados Unidos, que actualmente sigue siendo el destino dominante para los mineros industriales.
Los retos: Internet y censura
A pesar del entusiasmo de los mercados, persisten serias dudas sobre la viabilidad operativa a gran escala. Turkmenistán ejerce una estricta censura sobre Internet y el control gubernamental sobre la red es uno de los más estrictos del mundo. Dado que el éxito de la minería requiere una conexión estable, rápida y sin filtros, muchos analistas se preguntan cómo coexistirán los requisitos técnicos de blockchain con la vigilancia digital del Estado.
En conclusión, el sector minero en Turkmenistán está llamado a desarrollarse lentamente y de forma muy selectiva. No estamos ante una revolución financiera libertaria, sino ante un experimento de "capitalismo digital de Estado", donde la innovación sólo es bienvenida mientras no amenace al poder político central. Por ahora, la puerta de Turkmenistán está entreabierta, pero la señal que se envía al mundo es clara: ni siquiera las economías más cerradas pueden seguir ignorando el potencial de los activos digitales.
