5 billones de dólares. Esa es la cifra que Carlos Domingo, CEO de Securitize, puso sobre la mesa el 9 de junio durante un panel en ETHConf, en Nueva York. No como eslogan, sino como cálculo: el mercado global de acciones y ETF vale cerca de 150 billones de dólares y, según Domingo, bastaría con que el 2% o 3% de ese valor migrase on-chain para multiplicar más de cien veces el sector actual de activos reales tokenizados, que según datos de CoinGecko ronda los 30.000 millones de dólares. Una aritmética sencilla que esconde la apuesta industrial más ambiciosa de las finanzas digitales.
Para entender el alcance de la tesis conviene un punto de partida. Hasta hoy, el motor de la tokenización han sido los títulos de deuda pública estadounidense: los Treasury on-chain han alcanzado cerca de 15.000 millones de dólares, con BlackRock, JPMorgan y Fidelity ya operativos. Domingo sostiene que ese capítulo es solo el prólogo.
Las acciones, dice, son el activo que los inversores de todo el mundo quieren tener de verdad. Y aquí llega el punto crítico: muchas de las actuales ofertas de acciones tokenizadas serían productos sintéticos, réplicas sin derecho a voto ni dividendos, no acciones auténticas con propiedad directa. Una distinción que tiene peso real, porque separa el marketing de la infraestructura.
La maquinaria que se mueve detrás de las palabras
La declaración de Domingo no llega en el vacío. Securitize, uno de los principales proveedores de tokenización para instituciones y socio de BlackRock, se prepara para salir a bolsa y ha anunciado acuerdos con la Bolsa de Nueva York y con el agente de transferencia Computershare para llevar on-chain la transferencia de valores.
Es la misma dirección que ha tomado la DTCC, la cámara de compensación que custodia más de 114 billones de dólares en activos: tras recibir una no-action letter de la SEC en diciembre de 2025, el organismo iniciará en julio las primeras operaciones de producción limitada sobre activos tokenizados, con un despliegue más amplio previsto para octubre y la integración con la red pública Stellar esperada para la primera mitad de 2027. Piensen en la DTCC como el registro catastral de Wall Street: cuando ese registro empieza a anotar propiedades en un libro público compartido, el mercado cambia de naturaleza.
Por qué importa, y para quién
La carrera ya es coral. Nasdaq está desarrollando infraestructuras para acciones en blockchain junto a Payward, la empresa matriz de Kraken, mientras que ICE, propietaria del NYSE, respalda iniciativas vinculadas a OKX. Los objetivos son tres: liquidación más rápida, colateral más móvil y mercados abiertos más allá de los horarios de negociación. Para los inversores latinoamericanos, el tema conecta directamente con la discusión sobre activos alternativos y el acceso a mercados de capital estadounidenses, una prioridad en mercados como Argentina, México o Chile donde las restricciones cambiarias hacen del acceso on-chain a renta variable una herramienta concreta. Quien controla los rieles de la liquidación de valores controla una parte del mercado de capitales.
Queda una pregunta abierta, y Domingo la afronta de frente: ¿qué infraestructura ganará? Su respuesta es tajante: las blockchains públicas, con Ethereum a la cabeza, son las mejor posicionadas para la tokenización institucional. Los documentos oficiales son claros: el programa de tokenización está descrito en el sitio de la DTCC, mientras que los detalles sobre la oferta institucional los publica Securitize.
La conclusión es esta: 5 billones no son una previsión, son un umbral psicológico. Si antes de finales de 2027 las primeras acciones del Russell 1000 circulan de verdad en un registro público con plenos derechos societarios, ese umbral dejará de parecer optimista. Los próximos seis meses, entre el debut de julio de la DTCC y la salida a bolsa de Securitize, dirán si el calendario aguanta.
