Lo que antes se consideraba una mera comodidad para los operadores de criptodivisas se ha convertido en la columna vertebral del mercado financiero moderno.
En su Perspectiva Global 2026, el Instituto de Inversión BlackRock ha consagrado un cambio de paradigma fundamental: las stablecoins ya no son herramientas de nicho para aparcar efectivo entre operaciones, sino verdaderos "binarios fundamentales" para el sistema de pagos general.
Según Samara Cohen, directora global de desarrollo de mercados de BlackRock, estos activos se están convirtiendo en "el puente entre las finanzas tradicionales y la liquidez digital".
Ya no se trata de valorar si las stablecoins son buenas para el ecosistema cripto, sino de reconocer su transformación en sistemas de liquidación (settlement rails) que operan junto a las finanzas tradicionales y, cada vez más, dentro de ellas.
El impulso a la claridad regulatoria
El catalizador de esta evolución fue la LeyGENIUS, promulgada en EEUU el 18 de julio de 2025. Esta legislación estableció un marco federal para las stablecoins de pago, imponiendo estrictos requisitos de reservas y transparencia.
Esta claridad legal ha reducido drásticamente el riesgo para bancos y grandes comerciantes, permitiendo que las stablecoins se integren en los procesos de back-office.
Las cifras confirman esta escalada: a 5 de enero de 2026, el valor total de las stablecoins alcanzaba los 298.000 millones de dólares, con USDT y USDC dominando la escena. Incluso durante los periodos de volatilidad de los precios de las criptomonedas, la capitalización de las stablecoins ha alcanzado máximos históricos, lo que las confirma como la principal fuente de estabilidad y liquidez en la cadena.
De Visa a JPMorgan: la liquidación se hace invisible
El sector de los pagos ya está adoptando estas tecnologías. En diciembre de 2025, Visa ha lanzado la liquidación en USDC en Estados Unidos, permitiendo a los socios liquidar transacciones en la blockchain Solana.
La motivación es puramente operativa: disponibilidad 24/7, resiliencia en días festivos y latencias drásticamente reducidas.
Sin embargo, mientras que la velocidad es crucial para los pagos, la seguridad y la programabilidad son esenciales para la gestión de garantías y tesorería corporativa.
Aquí entra en juego la tokenización de Activos Mundiales Reales (RWA). JPMorgan, por ejemplo, ha lanzado un fondo de dinero tokenizado en Ethereum, que acepta suscripciones en USDC.
Ethereum: el «tribunal» de la liquidación definitiva.
Aunque las transacciones rápidas pueden tener lugar en varias capas, el mercado parece haber elegido Ethereum como la capa de liquidación primaria. Con una cuota de mercado del 65% en activos tokenizados en el mundo real (aproximadamente 12.500 millones de dólares a enero de 2026), Ethereum sirve como el árbitro definitivo.
BlackRock ha alimentado esta atracción gravitacional con su fondo BUIDL. Aunque se ha expandido por múltiples cadenas como Solana y varias Layer 2 para su distribución, el corazón palpitante sigue siendo Ethereum.
La tesis es sencilla: las instituciones buscan un estándar de liquidación que ofrezca una finalidad objetiva, una liquidez profunda y un modelo de seguridad probado. Como señala el informe, Ethereum se ha convertido en el tribunal donde se juzgan los "casos más valiosos".
Riesgos y desafíos políticos
A pesar del optimismo, el camino no está exento de obstáculos. BlackRock advierte de que en los mercados emergentes las stablecoins podrían socavar el control monetario local, desencadenando posibles respuestas restrictivas por parte de los gobiernos.
Además, persiste el riesgo emisor: en noviembre de 2025, S&P Global Ratings rebajó la calificación de reserva de Tether, señalando que la estabilidad del sistema depende totalmente de la transparencia de lo que sustenta la paridad.
En conclusión, si las stablecoins son el puente hacia el futuro, este puente necesita unos cimientos sólidos. En el panorama actual, Ethereum representa la "roca" a la que las instituciones siguen acudiendo para anclar el capital global.
